martes, 24 de noviembre de 2015

SD Huesca 0 - Real Oviedo 1

Llevo desde el sábado sin ninguna gana de escribir la crónica de lo sucedido en el Alcoraz entre la SD Huesca y el Real Oviedo. 

Y es que, oigan, uno también se apasiona y debo reconocer que me fui enfadado cual simio del campo, con la incomprensión que me produjo (y todavía me produce) un penalti que jamás se debió señalar y la rabia de saber que la expulsión de Iñigo López es más fruto de las dotes interpretativas del veterano guardameta del Real Oviedo, Esteban, que de los deméritos agresivos del central riojano.

Pasado un tiempo prudencial, las bilis van volviendo a sus tareas cotidianas así que voy a intentar escribir algunas reflexiones sobre el partido con toda la subjetividad que conlleva mi cerril forofismo hacia la SD Huesca pero intentando colocarme la bufanda azulgrana de manera que no me nuble en exceso la visión.

El partido

Fútbol, lo que se dice fútbol vimos poco. La tarde, infamemente ventosa, invitaba poco para ello y sobre todo en la primera mitad fue prácticamente imposible gestionar el esférico con algo de criterio. Algún destello de Luis Fernández, un paradón de Whalley a Linares y poco más nos deparó el primer tiempo.

Aun con Eolo algo menos crispado, el segundo tiempo no fue mucho mejor. Eso sí, pareció dar un paso adelante el Huesca aunque los porteros eran gélidos convidados de piedra de un choque con aroma a empate. Fruto de ese empuje, un saque de esquina que casi se cuela directo y que termina con Iñigo López directo a los vestuarios.

Y con la grada a punto de nieve digiriendo las noticias que llegaban de la televisión (la expulsión era a todas luces injusta) llegó la jugada del penalti que, sinceramente, me dejó (y perdonen la expresión) con cara de haba. Habrá quien diga que hay contacto, que se puede pitar, que Carlos David peca de pardillo. Pero lo siento, ese penalti no se debe pitar igual que justo es decir que minutos antes se debió señalar un derribo clarísimo de Jesús Valentín a Miguel Linares.

La indignación, por cierto, no debe tapar que entre la expulsión y la pena máxima tuvo Darwin Machís la opción de haber cambiado el sino del partido, pero falló después de haber hecho lo más difícil.

A partir del penalti, mucha ira, demasiadas tarjetas y nada de fútbol así que los tres puntos se marcharon para Oviedo.

Los futbolistas

Uno empieza a estar ya harto de ver como semana sí semana también algunos futbolistas olvidan su condición de deportistas y se comportan como auténticos mequetrefes indignificando esta maravillosa profesión y siendo un ejemplo nefasto para los más pequeños. 

Me parece repugnante lo que hizo Esteban. Me sentó a cuerno quemado la actitud de Miguel Linares al retirarse del campo que un día fue también el suyo. Pero ojo cuidado a lo que hace Juanjo Camacho, Capitán de la SD Huesca, en el lanzamiento del penalti del Real Oviedo.




El árbitro
Me niego a pensar que exista una oscura conspiración contra la SD Huesca. No puedo admitir que un colegiado salga al terreno de juego con la intención manifiesta de perjudicar a un equipo. 

Si bien es cierto es que la SD Huesca no está teniendo fortuna en este aspecto y algún punto ha volado del Alcoraz de manera inmerecida, no hace falta irse demasiado tiempo atrás en el tiempo para encontrar otros momentos con decisiones más dulces. Confío en que todo llegue y quede compensada tanta fatalidad.

Eso sí, igual que señalo abiertamente a algunos jugadores como grandes dificultadores de la impartición de justicia debo decir que es preciso que se erradiquen determinadas actitudes por parte de los colegiados que ningún bien hacen al deporte: sacar las tarjetas como si sacudieran al amonestado, gesticular en exceso,  perder las formas con los deportistas o la redacción sibilina de las actas deberían ser conveniente afeados por los estamentos competentes. 

Basta ver la actuación del colegiado Prados García ante el guardameta del Rácing de Santander, Ceballos, para comprender a lo que me refiero. 12 partidos le cayeron al cancerbero...

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Un mensaje esperanzador

Afortunadamente no todo fueron malas noticias. Óscar Whalley se reivindicó con un partido soberbio y vi un detalle que me encantó. En plena vorágine de nervios Bambock perdió dos balones que casi costaron sendos goles visitantes. Lejos de abroncar al joven jugador francés, en aquel momento visiblemente tocado físicamente, Iñigo Ros, Carlos David y algún compañero más fueron a arropar al centrocampista galo demostrando algo para mí fundamental teniendo en cuenta todo lo que queda por delante: hay EQUIPO.






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