martes, 10 de julio de 2007

Budapest

Budapest sabe a la paprika del goulash y suena a músicos gitanos en los restaurantes, a arroz con col y a yellow submarine a grito pelado. Budapest es una ciudad preciosa pero con el aspecto desaliñado - y a la vez encantador- de quien parece todavía no se ha despertado tras una guerra mundial.

Budapest es pasear por sus puentes entre Buda y Pest, sobre el Danubio y bajo las arañas. Es el timbrazo del tranvía advirtiéndonos de su paso, las bicis a toda pastilla por un carril-bici compartido con los peatones, los taxis cafres a mil por hora y la administrativa del congreso a cámara lenta. Una silla manchada, el CD de óperetas húngaras - que está o no está - sobre un televisor - que no pita o pita-, o los albornoces juguetones que esconden el bañador - o no-.

Relaja con la precisión del termostato que indica 38º y altera con las olas que rompen en la escalera de la piscina exterior. Asfixian el baño turco y quienes insisten en convencerte para que acudas a sus clubes de despelote. La cuesta del Gellert invita al deporte, como la ascensorista a la gimnastika, y al trote el tranvía que se para inesperadamente justo entre dos puentes.


Una ciudad, en el fondo, donde tan pronto te encuentras con Santiago Segura como con Spiderman y puedes tomarte un B52 entre incontables fotos de Manowar. Un lugar donde te invitan a jugar en iluminados futbolines - que se llaman de otra manera- en los que los jugadores no son ni del Osasuna ni del Zaragoza, ni del Athletic ni del Barcelona y dos defensas acompañan al portero en la última línea defensiva.

Unas calles por las que se pasa de largo de la sonriente camarera, del calor a la lluvia que moja a todos menos a J., de la Drehel fría a la fondue de chocolate con frutas, del coro infantil en la Basílica de San Esteban a la tortura de la Macarena, del black train a la ensalada de vitaminas.

Un lugar, en definitiva, en el que se disfruta la compañía al tiempo que se echa de menos a los que, por unas cosas o por otras, no han podido acudir. Una ciudad, Budapest, que como en su día hicimos con Dresde, os invitamos a experimentar por vosotros mismos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,
Dicen que esta muy bien Budapest. Supongo que tu tambien lo habras oido ants d ir. Cumple las espectativas?

Nacho Alastruey Benedé dijo...

Anónimo:

Si lo dices porque estás sopesando ir, lo mejor es que vayas y valores por ti mismo. Al fin y al cabo, mis impresiones - de apenas una semana- son bastante subjetivas y están muy influenciadas por la gente con la que estuve (genial).

Saludos.

franson dijo...

Desde aquel viaje que nos llevó a Viena cruzando Italia y en el que sacrificamos Budapest para ir a ver Praga, tengo la capital de Hungría en la lista de lugares a visitar. Y conste que no me arrepiento, Praga me gustó. Mucho mucho turismo, eso sí. Demasiado.

Ya de vuelta en el laboratorio de Walqa, un extraño, a título de coordinador, había puesto una serie de normas ;-). Que tiempos aquellos!

Un saludo Nacho,

Nacho Alastruey Benedé dijo...

Franson:

Tú al menos conservaste el sitio. Sé de uno que volvió y se encontró el sitio ocupado...

Siempre he pensado que los días en aquel altillo fueron sin duda los mejores.

Un abrazo