Cada vez me repugnan más los métodos que siguen los grandes tanques de guerra política en este país. Conforme se acerca cualquier cita electoral aumentan la potencia de sus aspiradores de votos y sus ventiladores de bazofia, pasando por encima de cualquiera que se ponga en medio.
No, esto no es un manifiesto anti-PP. Ni tampoco anti-PSOE o contra cualquier formación concreta. Intenta ser una reflexión desde alguien que se siente desubicado, desmotivado y preocupado ante la bipolaridad que se nos intenta inculcar de manera irresponsable a los ciudadanos de a pie. Las ansias de poder político y también -no lo olvidemos- mediático prentenden encasillarnos en dos bandos enfrentados - o conmigo o contra mí- cuando, mirado objetivamente el comportamiento de los mandamases en este país suele ser muy parecido una vez parapetan sus posaderas en la poltrona correspondiente.
Me siento desubicado, no encuentro a quien me represente con la mínima dignidad para motivarme a ir a votar, cosa que por otra parte siento como una obligación.
Me parece una vergüenza el esperpento del otro día con Otegui. Me indignó en su momento la prepotencia de Aznar. No soporto a Acebes ni a Zaplana, ni a Blanco ni a Trujillo. Jiménez Losantos me parece un peligro al igual que determinados monopolios informativos.
Me da igual el color, siempre es lo mismo. Si me permitís el símil, voy a comparar la política española con nuestro placebo nacional: el fútbol. Lo que pasa entre los grandes partidos es como lo que sucedía (ahora ya menos) entre el Madrid y el Barcelona. Los dirigentes vendían en la prensa grandes desencuentros y polémicas incitando a los ciudadanos de a pie a encarnizadas riñas y discusiones. Sin embargo, a la hora de la verdad todo era mentira, un mero espectáculo para vender más periódicos y aumentar las audiencias de los espacios deportivos. Ya se ocupan bien el Madrid y el Barcelona de ir juntitos de la mano cuando se trata de aplastar a clubes más pequeños en cosas como los sorteos de la Copa del Rey o similares.
En fin, qué triste. Yo por mi parte me voy a mentalizar para mirar la actualidad sin forofismos y pensar en las cosas que realmente me importan y que - vaya casualidad- no suelen ser titulares en ningún medio de comunicación.
No, esto no es un manifiesto anti-PP. Ni tampoco anti-PSOE o contra cualquier formación concreta. Intenta ser una reflexión desde alguien que se siente desubicado, desmotivado y preocupado ante la bipolaridad que se nos intenta inculcar de manera irresponsable a los ciudadanos de a pie. Las ansias de poder político y también -no lo olvidemos- mediático prentenden encasillarnos en dos bandos enfrentados - o conmigo o contra mí- cuando, mirado objetivamente el comportamiento de los mandamases en este país suele ser muy parecido una vez parapetan sus posaderas en la poltrona correspondiente.
Me siento desubicado, no encuentro a quien me represente con la mínima dignidad para motivarme a ir a votar, cosa que por otra parte siento como una obligación.
Me parece una vergüenza el esperpento del otro día con Otegui. Me indignó en su momento la prepotencia de Aznar. No soporto a Acebes ni a Zaplana, ni a Blanco ni a Trujillo. Jiménez Losantos me parece un peligro al igual que determinados monopolios informativos.
Me da igual el color, siempre es lo mismo. Si me permitís el símil, voy a comparar la política española con nuestro placebo nacional: el fútbol. Lo que pasa entre los grandes partidos es como lo que sucedía (ahora ya menos) entre el Madrid y el Barcelona. Los dirigentes vendían en la prensa grandes desencuentros y polémicas incitando a los ciudadanos de a pie a encarnizadas riñas y discusiones. Sin embargo, a la hora de la verdad todo era mentira, un mero espectáculo para vender más periódicos y aumentar las audiencias de los espacios deportivos. Ya se ocupan bien el Madrid y el Barcelona de ir juntitos de la mano cuando se trata de aplastar a clubes más pequeños en cosas como los sorteos de la Copa del Rey o similares.
En fin, qué triste. Yo por mi parte me voy a mentalizar para mirar la actualidad sin forofismos y pensar en las cosas que realmente me importan y que - vaya casualidad- no suelen ser titulares en ningún medio de comunicación.






