lunes, 8 de julio de 2013

Los vídeos del Orica-GreenEDGE

Cuando las obligaciones lo permiten, me encanta ver las retransmisiones del Tour de Francia. Sé que más de uno las considera soporíferas y las utiliza como catalizador de las siestas veraniegas pero para mí es un lujo poder disfrutar de las imágenes con que nos obsequian el recorrido y sobre todo los deportistas.

Para quien no haya podido probarlo, recomiendo con gran entusiasmo las retransmisiones en Alta Definición que ofrece el canal HD (High Definition, Alta Definición) de Televisión Española. Un auténtico lujo.

 La próxima vez que sintonice, conectaré más si cabe con los chicos del equipo australiano Orica-GreenEDGE. Si el año pasado ya me dejaron perplejo con su versión del "Call me Maybe", este año nos obsequian con un tributo a AC/DC que hace imposible no mirar hacia la pantalla con un cariño especial hacia estos muchachos. Olé.


sábado, 29 de junio de 2013

Mi Quebrantahuesos 2013: Valoración crítica

Fotografía de la Organización de la Marcha Cicloturista Quebrantahuesos
Durante estos días he leído muchas críticas con respecto a la Marcha Cicloturista Quebrantahuesos. Al margen de la entrada que he escrito con mis vivencias, me gustaría hacer una valoración de los aspectos que viví en primera persona.

Entrega del Dorsal y bolsa del corredor

- Perfectamente organizado. Sin colas.
- La bolsa del corredor contenía lo esperado. Quizás la talla del maillot es algo escasa pero es la que solicité al inscribirme

Zona de salida

- No tuve problema para ubicarme donde correspondía siguiendo los carteles indicadores.

Seguridad

- Sensación absoluta de seguridad reforzada por los cortes de tráfico y el buen hacer de los voluntarios. También vi muchas ambulancias siguiendo la carrera

 Avituallamientos

- Los líquidos, sin problemas.
- Con respecto a los sólidos eché en falta algo más contundente (no me gustó mucho el sandwich) para quienes no tomamos geles o similares. Eso sí, entiendo que es lo habitual en este tipo de pruebas así que poco que objetar.

Asistencia mecánica

- No la necesité pero tuve la sensación de que había un buen número de coches a lo largo del recorrido. Era mi primera Quebrantahuesos así que no puedo comparar con otros años.

Zona de meta

- El escalón de los lectores de chips me pareció algo peligroso, sobre todo si hacías el canelo (como fue mi caso). En cualquier caso, creo que causó más de una caída así que es un aspecto mejorable.

Servicio post-meta

- Ducha reparadora en el polideportivo sin problema alguno.
- No llegué a tiempo de probar la fideguá pero sí me dio tiempo de tomar una cerveza y me dieron unos yogures.
- Tampoco llegué al masaje, aunque conociendo a la Escuela de Fisioterapia de la Universidad de Zaragoza, seguro que sería estupendo. 
- Entrega muy rápida del diploma y la medalla. Cuando llegué había demasiada cola para grabar el tiempo y el nombre en la medalla así que volví después de la ducha. Entonces, sin problemas.
- No localicé el lugar donde depositar la bolsa personalizada donde había guardado mis desperdicios.

Voluntarios

Un 10. Sin duda, el alma de la marcha. Bravo por vosotros.
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Por último, me gustaría dedicar un apartado especial para analizar algo que me molestó especialmente: el comportamiento de algunos cicloturistas.

Me parece intolerable la falta de respeto de quienes arrojan deliberadamente sus desperdicios de cualquier manera. No lo entiendo en el ciclismo profesional (ya va siendo hora de que cambie) pero en una prueba cicloturista no lo puedo concebir. 

He leído muchas críticas a la Organización, algunas completamente justificadas. Somos más de 10.000 participantes y cada uno tenemos nuestra visión. Seguro que hay aspectos que se pueden mejorar. Sin embargo, en mi modesta opinión el único aspecto que pone en peligro la sostenibilidad de la Marcha Cicloturista Quebrantahuesos es la marranería de los participantes.

Espero y deseo que la Organización tome cartas en el asunto. Yo desde luego propondría la eliminación inmediata (con sanción de por vida) de aquellos que ensucian un entorno por el cual es un auténtico privilegio pedalear. Por desgracia, creo que sería la única manera de la que todo el mundo nos concienciáramos de tirar los desperdicios en los lugares habilitados.


Mi Quebrantahuesos 2013

He dejado reposar una semana todo lo vivido el pasado fin de semana en la XXIII Marcha Cicloturista Quebrantahuesos antes de ponerme a escribir acerca de todo lo vivido. Como ya comenté en la entrada dedicada a la Marcha Cicloturista de los Lagos de Covadonga, este era un reto personal que hace un año - cuando presencié el discurrir de la marcha en el puerto de Somport - ni se me hubiera ocurrido plantear.

La previa

Digeridas las viandas y la euforia deportiva del fin de semana en Asturias, la semana previa a la Quebrantahuesos se me hizo bastante cuesta arriba. Bien sea porque cogí frío o bien - según el diagnóstico de un ultraconocido mío- por la "somatización de los nervios previos a la carrera" tuve el cuerpo bastante revoltos. Así las cosas, la semana apenas me dio para un paseo de apenas 30 Km con pésimas sensaciones.

Llegado el viernes y siguiendo un buen consejo que me dio un veterano de la prueba, acudí a Sabiñánigo a recoger el dorsal. Ya por la carretera, muchos vehículos porteando bicicletas vaticinaban el impresionante ambiente que íbamos a encontrarnos en Sabiñánigo. Me hice con el dorsal y, no sin antes aprovechar la coyuntura para fotografiarnos con Fernando Escartín (antes habíamos visto a Joseba Beloki, Edurne Pasabán o al gran Javier Moracho), regresamos a Huesca pues a la mañana siguiente tocaba madrugar. Además, antes de ir a la piltra había que dejar bien ubicado el dorsal y todo el material imprescindible para el gran día.

Llegó el día: el madrugón

Teniendo en cuenta la hora de salida y la ingente cantidad de corredores que íbamos a coincidir en Sabiñánigo, establecí las 4 de la madrugada como hora de levantarme. Por más veces que me suceda, no deja de fascinarme como en este tipo de ocasiones el cerebro gestiona el sueño y logra que abras los ojos apenas unos minutos antes de que suene el despertador. Chapeau.
Desayuné lo previsto (tostada, tortilla francesa con jamón y plátano) y tras proceder al estucado de mi cuerpo con factor solar 50, cargué la bici en el coche y me puse rumbo a Sabiñánigo por delante de un buen número de cicloturistas que aguardaban el transporte con sus burras a lo largo del Coso Alto oscense.
 
Sabiñánigo: la salida

 Al contrario de lo que temía, no me resultó especialmente difícil aparcar en Sabiñánigo. De hecho, pude hacerlo al lado de mis amigos S. y M., lo cual me dio mucha moral para arrancar la mañana. Todavía con las dudas del "¿qué ropa me pongo?" por lo incierto de la meteorología, desperezamos las bicicletas y nos pusimos en marcha rumbo a la salida. S. y M. aún tuvieron arrestos de parar a tomar un café. Mi canguelo y yo nos quedamos guardando las bicicletas mientras una marea de corredores anunciaba inequívocamente que la hora de la salida estaba cercana.

Con suma cautela me acoplé al interminable pelotón que se dirigía a la salida. En las proximidades, me separé de S. y M. - cuyo tiempo les hacía merecedores de cajón de salida - y por la circunvalación que rodea Sabiñánigo me situé en la posición de salida.

No sé si más por frío o por miedo, lo cierto es que mis piernas amenizaron la interminable espera hasta que sonó el cohete de la salida - primero- y hasta que nos pudimos poner en movimiento -después- con un rítmico e inédito tembleque.

De Sabiñánigo a Jaca

Dada mi inexperiencia en rodar en grupo, intenté ubicarme lo más rápidamente posible a la derecha con el fin de permitir que me adelantaran con facilidad y poder reaccionar más rápidamente ante cualquier circunstancia. Lo cierto es que no tuve tanta sensación de peligro como hubiera pensado. Eso sí, apenas pude distraer la mirada hacia la gente que atestaba la calle Serrablo de Sabiñánigo a pesar de lo temprano de la hora y del a esas horas desapacible frío mañanero.

Seguramente a causa de mis temores, el tramo entre Sabiñánigo y Jaca se me hizo especialmente duro. En ningún momento pude integrarme en un pelotón en el que fuera cómodo. Mira que es difícil, pero terminé comiéndome solo la práctica totalidad del tramo de autovía, aderezado para más frustación con cierto viento de cara que martilleaba los consejos de mi hermano "sobre todo, no vayas solo entre Sabiñánigo y Jaca". En fin..

De Jaca a Somport

Realmente empecé a sentirme cómodo cuando enfilé hacia el puerto de Somport. Siempre con la premisa de guardar, guardar y guardar me integré en un grupo e incluso entable una agradabilísima conversación con un cicloturista de Alcala de Guadaira. Incluso me detuve cuando, al paso por Villanúa, él se paró a hacer una foto a "El Duende Eléctrico", que amenizaba el paso de los corredores provocando los vítores de todo el mundo. Después, fui el acompañado cuando propuse parar a regar la cuneta

Calma total hasta Canfranc y allí me separo un poco de G., mi nuevo compañero de fatigas. Sé que en lo alto de Somport me espera gente pero sobre todo quiero llevar siempre el ritmo que me pida el cuerpo. Ni más ni menos.

Fotografía de Jesús Alastruey
Me sorprende que no se pase por Candanchú. Según sabría después, un desprendimiento lo impidió. El gentío en los últimos metros del alto de Somport me lleva en volandas hasta donde me espera mi gente. Me detengo, charlo un poco con ellos, cojo el periódico que me ofrecen y me muevo hacia el avituallamiento, donde cojo un sandwich de jamón y queso y relleno de bebida. Me pongo el chubasqero, me despido de los familiares y me dispongo a bajar el puerto. Desde ahí todo el recorrido es nuevo para mí.



Bajada del Somport

Al estar cortado el tráfico, el descenso de Somport se me hace muy sencillo. Aunque con precaución, puedo relajarme y me siento cómodo. No me adelanta mucha gente ni tampoco adelanto yo a demasiados cicloturistas.

Por primera vez logro integrarme en un grupo de no más de veinte personas. Charlo con uno de sus integrantes, un pamplonés que me da ánimos y consejos para lo que queda por delante. A pocos kilómetros del inicio del nuevo puerto y justo tras pasar una rotonda, el corredor que va justo delante de mí saca algo de su bolsillo trasero y con total desprecio lo tira a la cuneta. No me puedo contener y le echo un grito. Es algo que no puedo comprender y algo que terminaría indignándome sobremanera a lo largo de todo el recorrido. Con el cabreo todavía en el cuerpo, me dejo caer del grupo y paro en una cuneta a quitarme el chubasquero y hacer la evacuación de rigor.

De Escot al Marie-Blanque

Un intolerable reguero de desperdicios de geles, periódicos y otras guarrerías señala la llegada a Escot, que es donde comienzan las primeras rampas del Marie-Blanque. Del puerto destacan los últimos cuatro kilómetros, un pechugazo continuado que requiere un buen desarrollo para no terminar arrastrando la bicicleta. Esquivando a quienes lo hacían pude coronar sin grandes sufrimientos, aunque teniendo que recurrir a la mítica pregunta de "¿cuánto queda?" con algún espectador.
A pocos metros para la cima, ya con los acordes del gaitero de fondo se me une nuevamente G., lo cual me alegra muchísimo.

En la cima, fotografía de rigor, chubasquero y vuelta a la bicicleta.

Del Marie-Blanque a Laruns

Intenté disfrutar del impresionante paisaje del descenso del Marie-Blanque pero con las cautelas habituales, que en este caso incluían esquivar los caballos y vacas que campaban a sus anchas por la zona. A esas horas (la 1 de la tarde, aproximadamente) el día era espléndido. No puedo evitar detenerme para hacer una fotografía de lo que estaba viendo. Impresionante.

Perfectamente asesorado por los voluntarios que informaban de las curvas más peligrosas llegué de nuevo al terreno llano. No tardó mucho en adelantarme un grupo al que me agregué hasta una nueva parada para volver a quitarme el chubasquero. 

El Portalet

Nuevamente con G. a mi vera, comencé la ascensión al Portalet. El Portalet no tiene rampas tan duras como las del Marie-Blanque pero a mí me supuso todo un reto - sobre todo mental- por su longitud. Recuerdo mirar el altímetro en el primer cartel que indicaba que restaban 27 Kms a la cima. Recuerdo volverlo a mirar cuando varios minutos después todavía quedaban 26. Y recuerdo hacer cuentas de cuántas horas podía costarme llegar a la cima al ritmo que iba. Recuerdo que me quedaba poca agua y recuerdo que tenía pocas ganas de comer lo que llevaba en el bolsillo. Y entre recuerdo y recuerdo, seguían quedando más de veinte kilómetros para la cima.

Paré en el avituallamiento líquido más por recuperarme mentalmente que por necesidad. Eché un vistazo al perfil y me di cuenta de que todavía quedaba todo un mundo. Un voluntario me comentó que apenas a 8 Kms había otro avituallamiento y me subí a la bicicleta marcándome pensar más en ese hito que en la todavía lejana cima.

Coincidiendo nuevamente con G. en algún tramo, llegué al avituallamiento con intención de comer algo tranquilamente para afrontar el tramo final. Apenas quedaba nada sólido más allá de fruta y frutos secos. Tiré de fruta, me relajé un poco y reemprendí la marcha.

Fotografía de Sportograf
Desde ahí hasta la cima mis sensaciones mejoraron sobremanera. Cogí un ritmo cómodo y comencé a ser consciente de que el Portalet no se me iba a resistir. Como me dijo otro cicloturista, ya estábamos "a un paso de casa". Durante unos metros me integré con un grupo de madrileños que iban todos juntos grabándose un vídeo. Les pregunté acerca de lo que quedaba de puerto y me dijeron que era muy parecido a la zona que estábamos subiendo, lo cual me animó muchísimo.

Ya con el paisaje indicando que la cima estaba próxima, me pemití el lujo de echar la vista hacia atrás, degustando todo lo que había sido capaz de ascender. Una emoción indescriptible me invadió cuando vi las primeras casas del Portalet. Ya coronado, me detuve a ponerme el chubasquero y a enviar un mensaje de júbilo a quienes me aguardaban en Hoz de Jaca.

Del Portalet a Hoz de Jaca

Con la piel de gallina empecé el descenso. Pude ver a los fotógrafos de la organización apostados en la cuneta pero me centré en no tener ningún percance, aunque una vez más aluciné con lo bonito del paisaje. Es un auténtico lujo poder ir en bicicleta por semejantes parajes.

En el desvío hacia Panticosa me detuve para quitarme por última vez el chubasquero. Ya pasado el Pueyo de Jaca me uní a otro corredor con el que mantuvimos un diálogo que me imagino sería muy repetido durante toda la jornada: "Este puerto sobra". Bromas aparte, me centré en la subida, pensando en puertos similares que había subido durante la preparación y sobre todo en que en los metros finales iba a estar mi gente para darme el empujón final.

Fotografía de Inés Luna
Pasada la primera rampa dura, vi a lo lejos un cartel que pensé indicaría "1 Km para la cima". Conforme me acercaba vi primero el símbolo de una calavera y posteriormente un anuncio que anunciaba inequívocamente la presencia del "Hombre del Mazo". Con una sonrisa en la oreja lo vi aproximarse y la sonrisa se tornó carcajada cuando descubrí que se trataba de alguien conocido. Recibí con dignidad su agresión y tiré para adelante consciente ya de que me quedaba apenas un kilómetro ("bueno, por no mentir un poco más, como bien matizó a voz en grito el Hombre del Mazo"). Recta. Curva a izquierda. Curva a derecha y a lo lejos, mi gente. Grito. Me ven. Me animan. Me emociono. Paro. Lo celebro.

Decido cambiarme de ropa y dejarles todos los complementos de abrigobrigo que llevo. Me pongo el maillot de la cruz de San Jorge que utilicé en Lagos y saco de la bolsa de herramientas la camiseta azulgrana de la SD Huesca con el dorsal 15. La que me regaló Joaquín Sorribas, la prenda con la que había soñado entrar en meta. Me la pongo, me despido de mi gente y emprendo los apenas doscientos metros de subida que me quedan con energías renovadas. Así llego a Hoz de Jaca donde resulta imposible rechazar algo en un avituallamiento que irradia entusiasmo e ilusión. Ya casi estamos.

De Hoz de Jaca a Sabiñánigo

La bajada de Hoz de Jaca hacia el pantano de Búbal es sinuosa. Veo una curva protegida con colchonetas. Algunas de ellas están movidas, síntoma inequívoco de que alguien se las ha llevado por delante.

Tras la presa de Búbal, el repecho que lleva a la carretera nacional saca exabruptos y risas de quienes allí hemos coincidido. Llegamos a la carretera nacional y todo el mundo se lanza hacia Sabiñánigo.

Nuevamente me quedo en solitario, pero esta vez es voluntariamente. Me dedido a disfrutar, a pensar en lo que estoy a punto de lograr. Me vienen tantas cosas a la mente... Pasado Biescas decido hacer la última parada. Esta vez me quito las gafas y me lavo la cara. Quiero salir bien en la foto.

Llegando a Sabiñánigo me uno a otro corredor. Nos felicitamos. Nos damos la mano. Gritamos. Estamos contentos, apenas faltan cinco kilómetros. Años atrás los recorrí corriendo, aunque en sentido contrario. Pongo el plato pequeño, qué más da el tiempo. Quiero saborear el final.

Pasado el desvío hacia Pirenarium la meta está en bajada. Escucho a mi gente, levanto el brazo y cierro el puño. Fruto de la euforia levanto la rueda delantera con fuerza en el primer resalto de los sensores de meta. Después de tanta precaución durante toda la jornada, casi me la pego en el último momento pero qué más da. Estoy en meta. Me fundo en un abrazo con los míos (menuda panzada de esperarme) y sigo disfrutando cada segundo. He terminado la Quebrantahuesos.  




martes, 18 de junio de 2013

Clásica Lagos de Covadonga 2013

Retomo esta abandonada bitácora para levantar acta de las sensaciones vividas en la Clásica Cicloturista de los Lagos de Covadonga que tuvo lugar el sábado 15 de junio en Cangas de Onís (Asturias).

El origen

Siempre me ha gustado la bicicleta pero por mis condiciones físicas nunca me había planteado hacer una cicloturista y mucho menos una que incluyera un puerto tan imponente como el de los Lagos de Covadonga. Mi radio de acción con las dos ruedas no pasaba de mi admirado Salto de Roldán, el Castillo de Loarre o contadas gestas rondando el centenar de kilómetros por las faldas de la Sierra de Guara. 

¿Cómo surgió entonces la chaladura de inscribirme en esta marcha cicloturista? Como suele pasar, de manera totalmente imprevisible: te enteras de que un amigo tuyo ha tenido un pajarón en una excursión ciclista y le envías un mensaje dándole recuerdos del "Tío del Mazo", invitas a otros amigos a la conversación y terminas picándote para quedar un día y dejar que hable el asfalto en vez la pantallica táctil. Entre medio subes a ver la Quebrantahuesos al Puerto de Somport y entrenas un poquico para no hacer demasiado la risa en las rampas de Loarre, le coges el gustillo y al final alguien dice "tendríamos que apuntarnos a una marcha todos juntos". Y claro, como para la inscripción para Lagos había que esperar a febrero, qué mejor manera de saciar la anglucia que invertir 3€ en la preinscripción de la Quebrantahuesos (total, ya puestos...)

Sea como fuere, desde el último tercio de 2012 comencé a tomarme más en serio el tema de la bicicleta teniendo en mente probar suerte en alguno de los citados retos. Durante el invierno y la primavera, la ilusión de terminar ambas marchas me ha hecho vencer la pereza que supone salir en días de auténtico frío o infame ventolera. Bien fuera con los amigos o sólo acompañado por la familia en la distancia - que aunque no pedalee, forma parte y mucho del reto- he ido completando un número de kilómetros tan insuficiente a ojos de los cicloturistas más habituados como inverosomíl para mis condiciones de contorno.

La previa

Nos habíamos inscrito un grupo de 7 amigos a la Clásica. Aunque finalmente la baja de última hora de A. nos dejó en 6 cicloturistas, fuimos 9 personas incluyendo la hinchada. Nos intentamos organizar para llegar a la zona el mismo viernes con el fin de disfrutar del entorno y la gastronomía local. Aunque nuestra falta de previsión nos impidió ubicarnos cerca de la salida (Cangas de Onís), terminamos alojados en un pequeño pueblo del concejo de Llanes, Villanueva de Pría, desde donde hemos podido disfrutar de fenomenales escapadas a sitios tan espectaculares (de cine) como los Bufones de Pría, o las playas de Gulpiyuri, San Antolín, Torimbia, La Canal o Cuevas del Mar.
 
Rompiendo cualquier planificación de dieta disociada o equivalente que se precie, no escasearon en nuestra dieta ni la fabada, ni el potaje asturiano, ni el cabracho ni la ternera de la zona ni por supuesto la sidra, que sabe diferente cuando te la tomas en Asturias con tu gente.

La salida

Tras un buen madrugón y la aproximadamente media hora que nos separaba de Cangas de Onís, aparcamos en una explanada no muy alejada de la zona de entrega de dorsales. Pertrechamos las bicis con los dorsales - personalizados, por cierto-, llenamos los bolsillos de viandas y nos dejamos atormentar por las típicas dudas (que si me pongo o no camiseta interior, que qué hago con el buff, me pongo el chubasquero ya o me espero...). 
A poco menos de un cuarto de hora cruzamos el Sella por un puente peatonal y nos ubicamos en una calle transversal a la de la salida, en espera del comienzo de la marcha y sin tener conciencia de si estábamos muy lejos o muy cerca de la zona inicial. A toro pasado, me di cuenta de que ni nos enteramos del homenaje a Carlos Barredo ni de nada de los actos de la salida pero personalmente, yo estaba con bastantes nervios por ser mi primera cicloturista y sobre todo por enfrentarme al reto de rodar en mi primer gran pelotón.
Posando para las fotos de rigor y haciendo de fotógrafo para algunos cicloturistas que me rodeaban, se hicieron las 9 de la mañana, hora fijada para el inicio.
Una vez arrancó la prueba, anduve unos metros a la pata coja hasta que me sentí lo suficientemente seguro como para colocarme la cala y empezar a pedalear. Tal como me habían aconsejado me coloqué lo más a la derecha que pude con mil ojos en mi entorno (tal es así que ni vi el famoso puente de Cangas) intentando no perderme demasiado de mi grupo, que había arrancado con bastante más seguridad que yo.


De Cangas de Onís a Ribadesella

El perfil del tramo entre Cangas de Onís y Ribadesella es bastante favorable. No diré cómodo porque no lo fue para mí y no será por los desvelos de mi grupo, especialmente de M. y C. que se iban descolgando de sus pelotones y me señalaban su rueda para ubicarme adecuadamente, pero entre los nervios y ese "guardar, guardar, guardar" que había grabado a fuego en mi mente para llegar en condiciones a la subida de los Lagos me hizo sugerir a mis acompañantes que tiraran hacia adelante, aunque C. finalmente se quedó conmigo dándome una enorme tranquilidad.

Me recuerdo mirando alucinado el GPS por la rapidísima velocidad a la que íbamos y yo diciéndole a M. que tirara para adelante porque me veía demasiado alto de velocidad y de pulsaciones para el momento en el que estábamos. Igual de inolvidable es la respuesta de M. ("Ni caso. Esas pulsaciones son de otro") o el grito de júbilo al adelantar a J., que se había parado a evacuar en una cuneta.
 
De Ribadesella al primer avituallamiento

La primera cuesta de cierta entidad estaba en Ribadesella. Allí la carretera iba recomponiendo los grupos, formando nuevos pelotones. Antes del avituallamiento, decidimos parar a evacuar. Aproveché para quitarme el chubasquero pues ya había entrado en calor y le dije a C. que se uniera a alguno de los pelotones que nos iban adelantando a mayor velocidad. De este tramo me llamó la atención la cantidad de bombas de hinchar que había sobre el asfalto, entiendo que de gente que la llevaba en bolsillo del maillot. 
Por un momento me quedé en tierra de nadie, aunque no tardó en juntarse a mí un chico de Madrid para el que también era la primera marcha cicloturista. Charla que te charla, llegamos al avituallamiento que estaba muy bien situado antes del primer puerto de la marcha: el alto de la Tornería.

Nada más llegar, vi que C. me estaba esperando. Dejamos las bicis juntas y nos pusimos a hacer la atestada cola que había hasta que alguien gritó "estáis haciendo el primo en la cola. Hay lo mismo en todas las mesas y no hay gente". La cola se disolvió y pudimos acceder sin mayor problema al avituallamiento. Comí un par de hojaldres de chocolate, bebí y rellené agua y aproveché para llenar el segundo bidón con una lata de bebida isotónica. Nueva evacuación (¿la sidra?), un escueto mensaje a la familia y a la bicicleta junto a C. (aunque sin mi compañero de charla de los últimos kilómetros, menuda rabia). 

El Alto de la Tornería

Casualidades de la vida, en los preludios del Alto de la Tornería coincidimos con un chico cuyo padre había trabajado en una empresa - ya extinta- de Huesca. Se interesó por el maillot que llevaba yo (el de la cruz de San Jorge) y me preguntó dónde podía comprarlo, de lo que deduzco que guarda un buen recuerdo.

El Alto de la Tornería me sorprendió por su dureza. A la vista del perfil me esperaba algo similar al Castillo de Loarre pero creo que es un puerto de una dureza más que considerable. Me sorprendió ver a gente ya con la bicicleta en la mano y me enfadó muchísimo el reguero de desperdicios (principalmente los plásticos de los geles) que ensuciaba un paisaje imponente. Al igual que me pasa cuando alguna vez acudo a una carrera por montaña, creo que habría que ser implacable con los marranos. Tolerancia cero.

Vale la pena dejar constancia también de la sonrisa que me arrancó el comentario de un espectador que, al ver mi dorsal (el 123) me espetó "Venga, que para esto te apuntaste de los primeros"

Subí junto a C. prácticamente todo el puerto. Sólo al final alegró un poco más el ritmo y se me fue unos metros, aunque pudo jalearme desde lo alto de una de las últimas curvas de herradura.
En la cima, nueva parada técnica para ponerme el chubasquero, hidratar la cuneta y dejar pasar a una ambulancia que venía a toda pastilla. Había leído bastante sobre la peligrosidad de la bajada y tenía muy claro que no me la iba a jugar.

Bien pegadico a la derecha y sin mucho tráfico fui bajando con mucha precaución. Lo cierto es que las zonas peligrosas estaban muy bien señalizadas, como una curva que me recordó sobremanera a la curva que hay en la bajada de Sabayés a Nueno y a la que tengo especial tirria. Ya casi al final de la bajada, en el punto más crítico, una ambulancia detenida indicaba que los muchos avisos de la organización habían sido insuficientes. No tuve tiempo de ver al corredor pero sí de concentrarme en convencerme de que no era ninguno de mis allegados. No.

El Alto de Ortiguero y rumbo a Covadonga

A diferencia del primer puerto, el segundo me pareció mucho más suave. O eso o que me lo tomé con muchísima calma. Consciente de que mis compañeros se me habrían distanciado en la bajada más de lo que podría recuperar, me relajé, puse un desarrollo cómodo y esperé a encontrar un grupo en el que integrarme. Vi varios cicloturistas parados arreglando pinchazos, más de los que hubiera esperado. Paré a quitarme el chubasquero y comí una barrita de chocolate que llevaba antes de empezar a subir. Mandé un nuevo mensaje en el que decía algo así como "voy de lujo". La inexperiencia en marchas cicloturistas me había hecho estar bastante preocupado por los pelotones de la salida y el descenso de la Tornería. Había superado ambos miedos y me sentía optimista.

A poco de coronar, nuevo avituallamiento y alegrón al ver nuevamente a C., que me estaba esperando. Recarga de isotónica, hojaldre a la panza y vuelta a la bici, no sin precaución porque vimos un par de caídas de gente al arrancar en subida terminaba yéndose al suelo.

La bajada del alto de Ortiguero me pareció sencilla. Pude seguir el ritmo de C. e incluso al final aún me terminé animando - cuestión de peso- a dar algún relevo. El asfalto, eso sí, era bastante rugoso en algunos tramos y provocó algún que otro exabrupto de C.

Ya cerca de la rotonda que enfilaba hacia Covadonga me quedé un poco cortado pero no me importó mucho porque quería parar a quitarme el chubasquero y de paso soltar todo el lastre líquido de cara a lo que me quedaba por delante. Aproveché la parada para quitarme las gafas de sol y continué la parada. Enseguida un grito de C. me señaló un avituallamiento, cuyo desvío vi tarde. Di que iba servido de todo y acaba de parar hacía un momento, con lo cual no me preocupé en absoluto.

La Santina y la ascensión a los Lagos


Los primeros aparcamientos vaticinaban que el inicio de la ascensión a los Lagos estaba cerca. Enseguida, pude ver a la derecha el santuario de la Santina. Tan imposible como describir lo sentido  me será olvidarlo.

Poco a poco empezaba a verse más gente animando a los lados de la carretera. Poco antes de la alfombrilla que marcaba el inicio del cronometraje de la subida, C. hizo una paradiña: al fin y al cabo, luego compararíamos los tiempos de ascenso de unos y otros.

C. sube más alegre y yo me concentro en encontrar mi ritmo. Me siento fenomenal. Voy adelantando a bastantes cicloturistas y me anima mucho la gente que hay a ambos lados de la carretera. Me parece escuchar unas voces familiares pero no termino de creerlo pues espero que I., N. y Á. hayan podido subir más arriba, a la zona de la Huesera. Sin embargo, al girar la herradura del Mirador de los Canónigos ahí están. Es una rampa dura y me animo. No puedo parar aunque me gustaría. Reviso el pulsómetro no sea que me haya animado demasiado. Todo en orden.

Voy cruzándome con un reguero de ciclistas que ya han terminado la prueba. En algunos momentos, veo situaciones peligrosas ya que algunos ocupan prácticamente toda la calzada sin ser conscientes de que cuando subes no es sencillo maniobrar. 

Un cartel indica un porcentaje descomunal. No he querido meterme el perfil en el GPS para no agobiarme. Pienso si será la Huesera y efectivamente lo es. Me he guardado el último piñón para esa zona, aunque también mantengo en la cabeza que el puerto no termina ahí, que no me puedo cebar. Pongo el piñón y me levanto del sillín para cambiar de postura. En ese momento me cruzo con M. que ya baja tranquilamente y cuando escucha mi saludo se pone a darme ánimos, ánimos que sigo escuchando durante un buen rato y que me llevan a pensar que incluso haya dado la vuelta para subir conmigo (menos mal que no). La pendiente es tan pronunciada que siento como si la bici me empujara hacia abajo, pero el hecho de ir adelantando a gente y encontrarme con tan buenas sensaciones me hace superar ese tramo. Mi mente ya piensa en el Mirador de la Reina. 

En la herradura anterior al citado Mirador, echo la vista atrás y pienso en todo lo que he recorrido. Pienso que salvo descalabro voy a llegar. Animo a un corredor al que adelanto y me dice que todavía queda mucho. No sé si por esa frase o por cansancio, comienzo a preguntar compulsivamente cuánto queda a la gente que bajaba, obteniendo respuestas bastante dispares. En ese momento, un espectador me da una información tan concreta como alentadora: "300 metros y tienes un llano". Miro el cuentakilómetros. 


Enseguida me cruzo con J. y su hermano. Echan un grito de lejos y yo cierro el puño en señal de victoria para que sepan que voy bien. Me dicen que lo tengo hecho, una bajada y un último repecho. 

Siento como ha bajado la temperatura con la niebla pero apenas me molesto en subirme los manguitos. Sólo pienso en llegar y realmente estoy con la moral por las nubes. En el tramo de bajada, nuevamente máxima precaución porque los corredores que regresaban ocupaban mucha calzada. Llego al Lago Enol, del cual la niebla sólo me permite ver una esquina pero no me importa demasiado. Afronto el último repecho y veo a lo lejos el final y a mi hermano C. que me espera en la línea de llegada. Vuelvo a cerrar el puño y llego a meta. Le pregunto a C. si ha visto llegar a S. y M. y me dice que no. Me sorprende y en parte me preocupa aunque sé que estarán bien. C. me pide que me dé prisa porque hace mucho frío y lleva un rato esperando así que apenas me hace un par de fotos e intento llamar sin éxito a I. bajamos hasta el avituallamiento de meta. Allí, parada express para coger una bebida, ponerme el chubasquero y comenzar la bajada.

El descenso fue, de largo, lo peor del día. Terminé sin apenas sentir las manos y helado de frío pero todo se compensó cuando a pocos metros de la rotonda de acceso al Santuario nos juntamos todos y nos fundimos en un abrazo. Habíamos conseguido nuestro objetivo: terminar todos la marcha. No podíamos pedir más.

En resumen...

Desde mi punto de vista, una marcha fantástica, muy bien organizada y en un lugar precioso. Pero sobre todo, la culminación de un reto compartido con gente muy especial a la que ahora me siento más unido si cabe. Un recuerdo estupendo de esos que permanecen en la memoria de por vida.


Gracias :-)



domingo, 22 de abril de 2012

[Mis señales favoritas] 19 de septiembre: El día oscense de pintar

Me veo obligado a retomar una de mis secciones favoritas tras recibir esta instantánea (gracias, Á.) de la que agradecería explicación, si es es que alguien puede darla.

Fue tomada la noche del 19 al 20 de septiembre de 2009 en Huesca. Concretamente, en la Plaza de los Fueros de Aragón.


No sé si es más impresionante el contenido del rótulo en sí o la relación de dicho contenido con la señal propiamente dicha. Los pelos como escarpias.

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Actualización 23/04/2012 

Gracias a Gemma Allué, ya tenemos la explicación :-)

jueves, 19 de abril de 2012

Ultramarinos La Confianza (Huesca)

Que, reconocimientos mediáticos al margen, "Ultramarinos la Confianza" es por méritos propios uno de los encantos turísticos más imprescindibles de la ciudad, creo que nadie lo duda. Basta ver el escaparate que montaron con motivo de la Semana Santa Oscense para darse cuenta de que Ultramarinos La Confianza es un lugar especial.



Bravo.

sábado, 14 de abril de 2012

Apañero


[J] - ¿Quieres jugar con nosotros a la Primitiva? Son  200 pesetas...
[A] - Llevo 200 pesetas. Puedo jugar a la primitiva o tomarme otra cerveza...
[Pausa]
[A]-  Ponme otra jarra

Y tocó. No hizo millonario a nadie pero las cuatro perras que tocaron fueron suficientes para grabar a fuego la anécdota y esbozar una sonrisa siempre que sale a colación. 

A. tenía imán para que, apenas un par de segundos después del salto inicial, el balón cayera en sus manos. Tras una parada en un tiempo de manual veía el lanzamiento de tres desde la diagonal con un estilo tan inconfundible como impredecible era el resultado que podía ir desde una agradable caricia a la red del cesto a una auténtica pedrada contra el tablero. "Ya ha hecho la cruz en el suelo para tirar desde ahí el resto del partido", comentaba algún compañero desde el banquillo en el primer caso, aludiendo al buen número de dioptrías con las que el Apañero salía a la cancha sin gafas ni lentillas (años después se operó de la vista y le supuso un buena temporada de adaptación...)

Tan capaz de hacer una genial entrada a canasta parapetándose con su corpachón de cuantos rivales salieran a su paso, como de cortar un contrataque rival con una entrada futbolera a ras de suelo y con los pies por delante, sus acciones siempre tuvieron cierta bula entre sus compañeros e incluso entre sus rivales. No era extraño escuchar una ovación entre risas desde el banquillo tras un pase enviado contra las espalderas del fondo de la pista, o que un jugador contrario aceptara de buena gana las disculpas en forma de brazo sobre el hombro tras un manotazo que propinado por algún otro hubiera supuesto una respuesta más airada.

Tan callado como excesivamente generoso y de buen conformar, se adaptaba con un escueto "bien" a cualquier actividad que se le propusiera: acuático en los barrancos, lanzado haciendo esquí de fondo, cantarín en el karaoke (qué interpretación, aspiración incluida la de "Mi agüita amarilla" en Salou) o voraz y temerario en esas interminables partidas de parchís que teníamos que interrumpir a veces por los ataques de risa que nos provocaba alguno de sus socarrones comentarios.

Todavía le veo acompañando cansinamente su carpeta por Huesca, sacando una longaniza en el monte como quien saca una barrita energética, o agachado apoyado sobre sus muslos cuando su corazón se agitaba jugando a baloncesto. 

Todavía, Apañero, no me creo que te nos hayas escapado y por eso la próxima vez que coincida una derrota del Madrid con los triunfos del Zaragoza y el Barcelona pensaré que tienes tres aciertos en la quiniela.

miércoles, 4 de enero de 2012

sábado, 31 de diciembre de 2011

Basilia

- ¿Cuántos años cumples, abuela? - 89
- ¿Pero esos no eran el año pasado?
- ¿Te parecen pocos? ¡Alabado sea el Señor!


Hacía seis años que cada 28 de febrero Basilia nos daba la misma respuesta, dando pie a diversas teorías en la familia: desde quienes pensaban que no sabía contar más allá de 89, a quienes pensábamos - a juzgar por la sonrisa con la que contestaba- que nos estaba tomando el pelo. Y es que si Basilia era lo que hoy llamaríamos una "sentencias". Una de esas personas que siempre tenía respuesta para todo simultaneando firmeza y un admirable sentido del humor, más meritorio si cabe si tenemos en cuenta las dificultades que a lo largo de su vida tuvo que afrontar.
Discreta pero siempre pendiente de todo y comiendo como un pajarico, rezaba en voz alta al acostarse por todos sus seres queridos. Eso sí, si luego le pedías que echara un rezo por alguna causa tuya disimulaba y sacando genio te contestaba: "Coñe, pues rézate tú"
Desde el imborrable recuerdo de sus croquetas de pescado el día que me operaron de vegetaciones hasta las últimas críticas con respecto a la manera de hacer los flanes ("Al baño maría sí, pero en el horno para que quede bien tostado por arriba"), todos los recuerdos de Basilia son buenos. 
El 18 de octubre, casi sin darnos cuenta la abuela Basilia se fue dejándonos un vacío enorme, infinitas anécdotas y un reto por delante: ser capaces de vivir y dejar un poso tan entrañable como el suyo.




miércoles, 28 de diciembre de 2011

Receptores GPS: ¿Cuál comprar?

Antes de que el lector de libros electrónicos aterrizara en mi vida, sin lugar a dudas mi dispositivo electrónico favorito era mi receptor GPS. Al igual que en el caso de los lectores de libros electrónicos, voy a intentar esbozaros unos conceptos básicos acerca de esta fantástica tecnología con el fin de que seáis capaces de sacarle todo el jugo posible, que de veras es mucho.

 ¿Qué es un GPS?
Como indican sus siglas, GPS (Global Positioning System) es un sistema de posicionamiento global basado en tecnología satélite. En definitiva, es un sistema que nos permite conocer la posición de una persona o un objeto cualquiera en cualquier parte del mundo con una precisión habitualmente de unos pocos metros. Para ello se utilizan unos satélites geostacionarios (concretamente el sistema actual utiliza 24 satélites) gracias a los cuales un receptor GPS puede calcular su posición mediante triangulación. El hecho de que sea necesaria cobertura satelital hace que los dispositivos GPS estén principalmente pensados para su uso en exteriores, ya que la cobertura de los satélites en el interior de edificios o túneles se atenúa notablemente.
Coloquialmente, cuando hablamos de GPS, en realidad nos estamos refiriendo a un "receptor de GPS". En adelante, utilizaremos ambos términos indistintamente.

¿Qué tipos de GPS hay? En definitiva, ... ¿qué GPS me compro?
Ahora que ya sabemos para qué sirve un GPS (conocer la posición), es importante conocer las tipologías de receptores que nos podemos encontrar en el mercado con el fin de ajustar la adquisición a nuestras necesidades.
Básicamente, nos podemos encontrar los siguientes tipos de receptores GPS:
  • GPS para conducir
  • GPS para actividades de campo/montaña
  • GPS para actividades deportivas
  • GPS para navegación marina
  • GPS para gestión de flotas o ubicación de objetos o personas
A continuación hablaremos un poco más acerca de cada uno de ellos.

GPS para conducir

De todas las tipologías, son los más populares. La posición calculada por el receptor unida a la cartografía que incluye el dispositivo permite funcionalidades como el cálculo de rutas, la localización de puntos de interés (estaciones de servicio, etc..) y las famosas locuciones con indicaciones al conductor acerca de qué camino seguir para llegar al destino.
Las diferencias de precio entre unos dispositivos y otros estarán principalmente en las cartografías que incluyan, su calidad y los períodos de actualización de las mismas (tened en cuenta que van surgiendo nuevas carreteras y desapareciendo otras y es preciso que los mapas de nuestro GPS estén debidamente actualizados). También algunos equipos incluyen funcionalidades avanzadas que, mediante el uso de comunicaciones de datos (como las de nuestro teléfono móvil) obtienen información del estado de tráfico, obras y demás incidencias y la utilizan para recomendar la ruta óptima en cada momento.
Permitidme que en este punto haga un inciso. Como hemos visto al principio, un GPS se limita a calcular la posición. Por tanto, un GPS no detecta radares. Lo que sí se puede hacer es incluir en la cartografía del dispositivo las coordenadas de los radares fijos conocidos de manera que, al igual que se hace con otros puntos de interés, el GPS nos avise cuando nos acerquemos a la posición de dicho radar fijo. Pero ojo, si la ubicación del radar fijo cambia o se instala un radar fijo nuevo y no actualizamos la información almacenada en nuestro receptor, el GPS no nos podrá avisar. En definitiva, un GPS puede funcionar como avisador de radar pero un GPS no es un detector de radar ni mucho menos un inhibidor de radar. Que no os den gato por liebre.

GPS para actividades de campo/montaña

En esta categoría incluimos aquellos receptores que están especialmente destinados para orientarnos en nuestras actividades al aire libre por el campo o la montaña. Lo normal es que estos receptores permitan que se les incluya cartografía pero una cartografía diferente a la de los GPS orientados a conducir. Mientras que para conducir nos interesan mapas auto-enrutables, en un GPS para actividades de campo o montaña nos interesa tener cartografía con información topográfica (curvas de nivel, senderos, pistas, ...) e incluso modelos digitales del terreno (DEM) que nos den información acerca de las altitudes. Las funcionalidades que diferencian unos receptores de otros son la calidad de los mapas precargados, la posibilidad de incluir mapas personalizados al dispositivo, la disponibilidad de almacenamiento extra (en forma de tarjeta de memoria) para incluir nuevos mapas, la disponibilidad de brújula electrónica y altímetro barométrico (más preciso que el propio del receptor GPS), el número de puntos o rutas que se pueden almacenar, la resistencia al agua o la autonomía del dispositivo. Los modelos más modernos empiezan a incluir pantallas táctiles e incluso cámaras de fotos que permiten geo-referenciar las fotografías que tomamos adjuntando a la fotografía la información de la ubicación donde fue tomada.
En mi opinión, estos dispositivos tienen muchísimas posibilidades más de las que por defecto nos facilitan los fabricantes. Afortunadamente, por la red hay muchísimos recursos (tutoriales, mapas, etc..) así que intentaré elaborar una entrada adicional explicando cómo sacarle todo el jugo a estos fantásticos dispositivos.

GPS para actividades deportivas

En ocasiones, las funcionalidades de un GPS para actividades de campo o montaña superan nuestras necesidades. Si lo que queremos es básicamente registrar nuestra actividad deportiva para poder procesarla a posteriori y conocer los kilómetros que hemos corrido, por dónde, a qué ritmo, etc... no necesitamos que el GPS incluya cartografía o brújula electrónica pero sí que sea un dispositivo lo más portátil posible. Es aquí donde surge la categoría de GPS para actividades deportivas.
Bajo este paraguas vamos a englobar los GPS's tipo reloj de muñeca. A las funcionalidades habituales de un reloj deportivo avanzado (cronómetro, pulsómetro, ...) la tecnología GPS le añade la capacidad de conocer el ritmo o velocidad, la distancia recorrida y cualquier funcionalidad relacionada con la posición. Al igual que sucede con los GPS's para actividades de campo o montaña, las utilidades software que proporcionan los fabricantes suelen ser bastante limitadas pero existen programas realmente interesantes (como por ejemplo Sport-Tracks) con los que podemos disfrutar enormemente la información que obtenemos con nuestro dispositivo acerca de la actividad realizada. 
Las principales diferencias entre los equipos disponibles en el mercado están en el número de puntos y recorridos que pueden almacenar, en los accesorios incluidos (pulsómetro, sensor de cadencia de pedaleo, soporte para bicicleta ...), el tamaño (cuidado, porque a veces puede pasar que se maneje mejor un dispositivo un poco más grande), la resistencia al agua o la disponibilidad de tecnología inalámbrica para descargar los datos registrados a nuestro equipo o compartirlos con nuestros amigos.
A caballo entre esta categoría y la anterior estarían los equipos específicamente diseñados para su uso en principal en bicicleta de montaña. En mi opinión, están más cerca de la categoría de GPS para actividades de campo o montaña ya que en este caso disponer de mapas en el dispositivo puede ser de gran ayuda. No obstante, es importante también - si lo vamos a utilizar para este tipo de actividad- que nos aseguremos de que el dispositivo esté debidamente adaptado para mostrarnos la velocidad, tiempo, distancia recorrida en un formato adecuado para ser utilizado desde la bicicleta.

GPS para navegación marina

Son los receptores especialmente diseñados para las actividades de navegación marina. Personalmente, es una categoría que apenas conozco así que poco os puedo contar.


GPS para para gestión de flotas o gestión de la ubicación de objetos o personas.

Como hemos remarcado durante toda la entrada, la principal funcionalidad de un GPS es la de posicionamiento. Así, podemos disponer de sencillos receptores GPS cuya única funcionalidad sea almacenar su posición actual e informarla a través de un transmisor incluido a una central de datos desde la cual se puede gestionar la información de ubicación proporcionada. Tal es el caso de la gestión de flotas o también de objetos o personas si queremos conocer su posición en todo momento.

Un último inciso: GPS y teléfonos móviles y dispositivos tipo tableta.

En la actualidad cada vez es más habitual que dispositivos móviles como teléfonos o tabletas incluyan también un chip GPS. Con estos dispositivos móviles podemos disponer de la práctica totalidad de funcionalidades anteriormente explicitada en las diversas categorías. Eso sí, tened en cuenta que la finalidad principal para la que han sido diseñados esos dispositivos no es la de GPS y aspectos tan clave como la autonomía de la batería se verán claramente perjudicados. En definitiva, podemos darle uso de manera puntual, pero no pretendamos obtener el mismo rendimiento de un teléfono móvil que de un GPS para montaña si nos vamos a hacer una excursión de cinco o seis horas (esto no quita que os recomiende que si os cambiáis de móvil, elijáis uno que disponga de GPS)
Por su parte, los teléfonos móviles utilizan también las antenas emisoras para triangular la posición y "asistir" la información proporcionada por los satélites (esto es muy útil cuando la señal satelital es débil por encontrarnos en zonas interiores).

Conclusión
Espero que tras leer esta entrada tengas una composición clara de las diferentes tipologías de receptores GPS existentes en el mercado. Si te ha picado el gusanillo, rastrea diferentes tiendas y foros para encontrar el que más se ajuste a tus necesidades y presupuesto. En próximos artículos, intentaremos dar consejos para exprimir al máximo todas sus funcionalidades

Referencias y lecturas para saber más


martes, 27 de diciembre de 2011

Que levanten la mano...

aquellos oscenses que:

- ... conozcan a alguien a quien le ha tocado el Gordo de la Lotería
- ... cuyos amigos de fuera de Huesca hayan dado por hecho que nos ha tocado la Lotería a todos ("total, si allí sois cuatro gatos")
- ... sepan "de buena mano" alguna historia emocionante o truculenta sobre alguno de los afortunados



domingo, 18 de diciembre de 2011

Ebook, E-Reader, Libro electrónico, Lector de libros electrónicos: El cacharro

Debo reconocer que el cacharro  dispositivo electrónico que más disfruto en la actualidad es el lector de libros electrónicos. Hoy me gustaría dedicar una entrada para todos aquellos que no tienen muy claro qué es, para qué sirve y cómo sacarle partido.

Terminología

La primera cuestión que conviene aclarar es la terminología. A la mala costumbre que tenemos de utilizar los términos en inglés en vez de en castellano se añaden términos algo ambiguos, así que intentemos concretar: 
  • Libro electrónico o e-book en inglés: Sería una obra científica, literaria o de cualquier otra índole (i.e. un libro) en soporte digital (electrónico). En ocasiones, también se utiliza este término para referirse al lector de libros electrónicos, cuya definición veremos a continuación. 
  • Lector de libros electrónicos (e-reader o e-book reader en inglés): Es un dispositivo que permite leer libros en formato digital. 
Si nos atenemos a esta última definición, un computador, una tableta y un teléfono móvil son lectores de libros electrónicos. Sin embargo, el término "lector de libros electrónicos" (o el también aceptado "libro electrónico") se aplica de manera más concreta a aquellos dispositivos portátiles que incorporan tecnología de tinta electrónica. La tinta electrónica es una tecnología que permite representar información en pantalla con un efecto muy similar al que percibimos cuando leemos sobre papel ya que no necesitan retroiluminación. La retroiluminación (concretamente la retroiluminación LED) es el tipo de iluminación que utilizan la mayoría de las pantallas a las que estamos acostumbrados (monitores, pantallas de teléfonos móviles y tabletas digitales,...). Para que nos entendamos es lo que nos permite utilizar la pantalla del móvil casi como linterna pero que por contra nos cansa la vista cuando leemos durante un rato (fijaos en lo que brilla el fondo blanco en vuestro monitor). 
En lo que queda de entrada nos centraremos en los lectores de libros electrónicos basados en tecnología de tinta electrónica, que son los dispositivos cuyo fin principal es leer libros con prácticamente la misma sensación que si estuviéramos leyendo sobre papel pero con todas las ventajas que nos aporta la tecnología digital.

¿Y para qué quiero yo un lector de libros electrónicos?


Evidentemente, por bonito que sea un lector de libros electrónicos, no podrá superar el encanto de esa edición preciosa del Quijote que tenemos en nuestra biblioteca o de ese libro que el autor nos dedicó en la última feria del libro. Sin embargo, os voy a comentar algunos de los beneficios que he experimentado en la práctica (ojo porque no todos los modelos tienen todas las funcionalidades):
  • Dado que es un dispositivo que apenas pesa, es muy cómodo para utilizarlo en cualquier transporte público o llevártelo de vacaciones. En este último caso, si empiezas un libro y no te convence, puedes cambiar sin necesidad de cargar peso inútilmente ya que puedes llevar prácticamente toda tu biblioteca en el dispositivo.
  • Una de las maravillas de la tinta electrónica es que tiene un consumo reducidísimo. Eso le da al lector una autonomía fenomenal y que, al contrario que móviles y tabletas, no tenga que vivir pegado al cargador.
  • Mientras lees, puedes consultar el diccionario. Si el lector es táctil y dispone de dicha funcionalidad, puedes hacer la consulta con un simple toque sobre la pantalla e incluso puedes consultar con Google o la Wikipedia si el lector incorpora conectividad a Internet. Esta funcionalidad de diccionario es muy útil sobre todo si te lanzas a leer libros en otros idiomas (de ahí que sea importante asegurarse antes de comprar de que nuestro lector tenga al menos los diccionarios que podamos necesitar).
  • También se pueden realizar búsquedas de palabras. Es algo muy útil si trabajamos habitualmente con manuales o documentos pesados ya que en vez de imprimirlos y encuadernarlos, podemos llevarlos en nuestro lector y consultarlo cuando queramos.
  • Se pueden tomar notas (de texto, o a mano alzada) sobre el libro sin dañar el original 
  • Aunque por desgracia en España todavía no ha terminado de arrancar, el dinero invertido en el lector de libros electrónicos se recupera relativamente pronto ya que los libros electrónicos son deberían ser bastante más económicos que los de papel y además hay sitios donde podemos encontrar libros de manera gratuita (y completamente legal).
¿Cuál me compro?

Si has leído hasta aquí y te ha entrado un irrefrenable impulso de comprarte un lector de libros electrónicos, estás de suerte ya que hoy en día hay un amplio abanico de lectores en el mercado. No pretendo hacer un análisis del mercado ya que cuando terminara de escribir esta entrada dicho análisis quedaría obsoleto, pero sí que te diré comentaré algunas características que debes tener en cuenta cuando mires las especificaciones de unos lectores y otros.


  • ¿Pantalla táctil o no táctil? Los puristas dicen que el hecho de disponer de pantalla táctil hace que se reduzca la nitidez de la misma. En su favor, la pantalla táctil te permite realizar de manera cómoda e intuitiva acciones tan habituales como pasar de página, seleccionar una palabra o texto para mirar en el diccionario o pinchar en un hiperenlace desde un índice. La realidad es que pienso que es útil y hoy en día hay en el mercado pantallas táctiles cuya nitidez nada envidia a las que no lo son. 
  • ¿Con o sin conexión a Internet? La conexión a Internet puede venirte bien para realizar consultas en la Wikipedia o para comprar directamente libros electrónicos a tu proveedor favorito sin necesidad de utilizar tu computador. Recuerda que estás comprando un libro y no un dispositivo para navegar. Puntualmente podrás navegar pero no esperes grandes alardes ni en velocidad ni pretendas tener las mismas funcionalidades que hoy en día te aporta tu portátil, tu tableta o tu móvil. Piensa seriamente si necesitas esa conectividad para tu lector porque si no es así, te podrás ahorrar unos eurillos en el lector.
  • ¿Con cuánta capacidad? Al contrario que pasa con las fotos y vídeos, los libros electrónicos (sobre todo si están en los formatos más optimizados) apenas ocupan espacio. Según los cálculos de Sony, en 1 GB podemos meter aproximadamente 600 libros electrónicos (a modo de ejemplo, las 226 páginas en formato epub de "La Celestina" ocupan unos 300 KB). Algunos lectores ofrecen la posibilidad de ampliar la capacidad de memoria interna del dispositivo mediante tarjetas de memoria. Es una posibilidad que debemos contemplar si disponemos de muchos libros y sobre todo si muchos de ellos están en formato pdf ya que pueden ocupar más.
  • ¿Qué formatos debe leer imprescindiblemente un lector de libros electrónicos? Este es un punto muy importante a la hora de elegir el lector. En la actualidad existen varios formatos de libros electrónicos (epub, fb2, doc, html, pdf..). Si bien la mayoría de los lectores aceptan prácticamente todos los formatos, sí que vale la pena que indaguemos un poco acerca de la funcionalidad de lectura de ficheros en formato pdf, ya que puede haber diferencias nada desdeñables. Tened cuidado también con el tema de los derechos digitales ya que puede haber lectores que sólo permitan utilizar libros adquiridos en tiendas concretas (mi consejo es que os alejéis de ellos, claro está).
  • ¿Algo más? Sí. Es imprescindible que conjunta e inseparablemente con el lector adquieras una buena funda. Si el lector la incluye de serie, mejor que mejor porque lamentablemente no suelen ser precisamente baratas.

 Ya tengo el lector de libros electrónicos. ¿Cómo lo lleno de libros?


Enhorabuena. Ya tienes el lector de libros electrónicos. Aunque seguramente incluso te habrá venido precargado con un buen puñado de libros, mi primer consejo es que inaugures el lector devorando el manual del mismo para que desde el primer momento puedas disfrutar y sacar todo el partido del mundo a tu lector.
Aunque tu lector traerá también un programa para gestionar tu biblioteca digital de libros, también puedes gestionar tu biblioteca con un programa que te recomiendo con total convicción: Calibre. Calibre será sin duda tu mejor aliado para en la gestión de tu biblioteca digital. Eso sí, si me admites un penúltimo consejo, ninguna herramienta (Calibre tampoco) te exime de la tarea de mantener bien organizada tu biblioteca. Sé ordenado y respetuoso con los metadatos de las obras (título, autor, etc..) ya que luego te facilitará las búsquedas en tu lector y en tu computador.


¿Dónde puedo encontrar libros electrónicos?


 Hoy en día ya se pueden comprar libros en formato electrónico en muchas (se supone que cada vez más) librerías de España. También puedes encontrar por la red sitios web donde descargar gratuita y legalmente libros sin derechos de autor. No incluyo ningún enlace porque me es imposible mantenerlos actualizados y hay sitios especializados en este tipo de recursos. Seguro que no te es complicado encontrarlos.


 Más información

Wikipedia: Libros Electrónicos y formatos

Wikipedia: Tinta Electrónica
Wikipedia:  Retroiluminación LED